Transitar estados de incomodidad es totalmente humano, natural y saludable. Sin embargo, también es igual de saludable la tendencia a intentar evitarlos. A esta altura probablemente estés pensando que no tiene mucho sentido lo que estoy diciendo; comprendo. Aquí voy…
Por Lara María Velázquez
¿Para qué existe nuestro cerebro?
La función biológica del fabuloso cerebro humano es hacernos sobrevivir, no importa a qué costo.
A él no le interesa que seamos felices y estemos en Paz. Sí, así como leíste ¡Es imposible pedirle esto a nuestro cerebro! Porque, en nuestra evolución, desde diferentes funciones, él siempre ha estado a cargo de escanear la realidad, buscar potenciales problemas y generar posibles soluciones (algunas más elaboradas que otras).
La historia y el rol del Cerebro en la especie humana
Paul MacLean (médico norteamericano) plantea la noción del triple cerebro. Con esto se refiere a que en nuestro cerebro coexisten 3 cerebros distintos. Cada uno de ellos fue apareciendo en coherencia a la línea evolutiva de forma secuencial: uno sobre otro.
Como cada uno de estos cerebros tiene su propia lógica de funcionamiento, también operan con cierta independencia entre sí, cuya relación es jerárquica y conforme a las funciones que cada uno de ellos fue teniendo a lo largo de nuestra evolución.
1) El cerebro reptiliano
Tiene que ver con comportamientos simples, impulsivos, predecibles y estereotipados que corresponden a los vertebrados “poco” evolucionados; los reptiles.
Se limita a ejecutar códigos programados genéticamente cuando se dan las condiciones adecuadas, repitiendo procesos biológicos.
Está asociado a funciones de supervivencia como el miedo, el hambre, el enojo, etc.
2) El cerebro límbico
Este aparece con los primeros mamíferos y cuenta con mayor complejidad por sobre el reptiliano debido a que con él emergieron las emociones asociadas a las diferentes experiencias.
Su función principal se relaciona con el aprendizaje; cuando un comportamiento provoca emociones agradables, tendemos a repetirlo y al revés con conductas que causan aversión.
3) La neocorteza
Este sistema cerebral es el más reciente en nuestra evolución (hace entre 200 y 300 millones de años).
En él reside nuestra capacidad de planificación, toma de decisiones y análisis del entorno y de nuestros propios actos.
Para Paul Maclean la neocorteza puede considerarse la sede de la racionalidad en nuestro sistema nervioso, ya que nos permite la aparición del pensamiento sistemático y lógico, que existe independientemente de las emociones y de las conductas programadas por nuestra genética.
Por ejemplo:
1) Cuando oímos una sirena, nos asustamos y se activa nuestro cerebro reptiliano.
2) Cuando tomamos clases regulares de alguna actividad que nos hace bien, actúa nuestro sistema límbico (repetición por aprendizaje).
3) Cuando observamos una conducta y reflexionamos sobre ella (ponemos un límite, nos disculpamos, etc.).

¿Qué relación tiene esto con evitar el malestar?
Podríamos decir que, cualquiera de los 3 sistemas cerebrales intentará, por una cuestión de supervivencia, evitar el malestar.
El cerebro reptiliano porque lo ve como peligroso/amenazante.
El cerebro límbico buscará repetir sólo aquellas conductas que nos han causado bienestar.
El Neocórtex porque necesita economizar su energía y continuar planificando, tomando decisiones y ejecutando.
Para los 3 cerebros el malestar es una amenaza.
¿Qué es lo que podemos hacer entonces?
Poner al servicio al cerebro mediante el proceso metacognitivo; nuestra capacidad de reflexionar sobre el pensamiento y el aprendizaje. Es así que contamos con conciencia de los procesos mentales, conocimiento de las capacidades cognitivas y regulación de la conducta.
De este modo, tenemos la posibilidad innata de observar tanto nuestros contenidos mentales como nuestros procesos mentales.
Sin embargo, innato no quiere decir fácil; esto es algo que necesita práctica y constancia. Pues nuestro cerebro va a patalear y oponerse incansable y fehacientemente…
La aceptación es contraintuitiva
Aceptar aquello que nos resulta un desafío (como antesala a atrevernos a sentirlo) va en contra de nuestra naturaleza humana, es por eso que se plantea la propuesta de labrar, cultivar y ejercitar la cualidad (también innata) de Coraje; virtud necesaria para atrevernos a habitar experiencias más incómodas, como otro modo saludable de vivir.
Si ambas respuestas son saludables ¿Entonces?
La diferencia radica en que la evitación del malestar, cuando tiene carácter instintivo, tiene que ver con el modo supervivencia.
Por su parte, animarnos a conectar con estados internos desafiantes, surge del ejercicio de observarnos desde nuestra amplia y vasta Consciencia (aquella que, entre muchas otras maravillosas cosas, nos permitirá ejercer la metacognición).
Saber lo que nos pasa para conocer qué necesitamos, también es saludable. Pero desde un punto de vista más evolucionado.
¿Cómo habilitar y desplegar la metacognición?
Es literalmente imposible que pongamos en marcha este proceso si no estamos presentes.
Comenzar por pequeñas y simples prácticas de Atención plena es lo que nos irá “entrenando” en el registro consciente de las experiencias, tanto externas como internas (pensamientos, emociones, sensaciones).
¿Esto o aquello?
No se trata de sentirnos «bien» o «mal», si no de sentir LA VIDA con todos sus milagrosos matices.
Saber nuestros mecanismos, en este caso cerebrales, puede ser la llave para tratarnos con mayor autocompasión cuando notamos que estamos resistiendonos a algo que nos genera temor; esta tendencia es inherente al ser humano.
Y precisamente darnos cuenta de eso, es un modo de ejercitar y amplificar nuestra Consciencia; aquella que nos permitirá forjar la valentía necesaria para dialogar con la incomodidad de un modo más real, paciente y amoroso.
Sentirnos bien está al otro lado de animarnos a habitar el malestar
Sencillamente no podemos pedirnos “sólo sentite bien y apagate cuando te sientas mal”.
O sentimos todo, o no sentimos nada.
Nuestra capacidad para experimentar el verdadero bienestar; el gozo, la gracia, la dicha, la gratitud, la espontaneidad es exactamente proporcional a nuestra apertura para transitar la incomodidad.
No se trata de sentirnos bien todo el tiempo; eso es imposible.
Atrevernos a surfear el malestar, es lo que nos permitirá verdaderamente sentirnos plenx cuando esa ola pase. Porque sí, pasará…
Es simple y no
La receta es simple: conocernos, estar presentes y animarnos a sentir. Pero… cada ser humano es un universo conformado por singulares y complejas
dinámicas, historias familiares y personales, traumas, aprendizajes, experiencias, patrones, etc.
Por eso también hay casos en los que amerita revisar la intensidad, la frecuencia, los factores de mantenimiento, los disparadores y la/s causa/s tanto del malestar como de su consecuente evitación como respuesta evolutiva y adaptativa.
Y nunca es tarde para pedir ayuda ¡Y también es de valientes!
Lara Velazquez Psicóloga Integral con orientación contextual (M.N: 69.298). Instructora de Yoga. @soylaruvelazquez. Miembro del Equipo VIVIR
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